La diverticulitis es una condición en la que pequeños bolsillos o sacos (llamados divertículos) que se forman en las paredes del colon se inflaman o infectan. Estos divertículos se desarrollan cuando áreas débiles del colon ceden ante la presión, creando pequeñas protuberancias del tamaño de un guisante. Aunque la presencia de divertículos (diverticulosis) es muy común, especialmente después de los 40 años, solo una pequeña porcentaje de personas desarrolla diverticulitis. Entre los latinos en Estados Unidos, la incidencia de diverticulosis y diverticulitis ha aumentado significativamente a medida que las poblaciones hispanas adoptan dietas occidentales bajas en fibra. Estudios sugieren que los latinos que han vivido más tiempo en Estados Unidos o que son de segunda generación tienen tasas más altas de diverticulosis en comparación con los recién llegados, lo que indica una fuerte influencia de los factores dietéticos y ambientales.
La diverticulosis se desarrolla cuando la presión dentro del colon aumenta debido al esfuerzo durante las evacuaciones intestinales, típicamente causado por una dieta baja en fibra. Cuando uno o más divertículos se rasgan o perforan, permitiendo que las bacterias del colon invadan las capas circundantes, se desarrolla diverticulitis. Los factores de riesgo incluyen edad avanzada (más común después de los 40 años), dieta baja en fibra y alta en grasas procesadas y carnes rojas, obesidad, falta de ejercicio físico regular, tabaquismo, y ciertos medicamentos como antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, naproxeno) y esteroides. Los síntomas de diverticulitis aguda incluyen dolor abdominal severo y repentino, generalmente en el lado izquierdo inferior (aunque puede ocurrir en el lado derecho en algunas personas, especialmente de ascendencia asiática), fiebre y escalofríos, náuseas y vómitos, cambios en los hábitos intestinales (estreñimiento o diarrea), y sensibilidad abdominal al tacto.
La diverticulosis se desarrolla cuando la presión dentro del colon aumenta debido al esfuerzo durante las evacuaciones intestinales, típicamente causado por una dieta baja en fibra. Cuando uno o más divertículos se rasgan o perforan, permitiendo que las bacterias del colon invadan las capas circundantes, se desarrolla diverticulitis. Los factores de riesgo incluyen edad avanzada (más común después de los 40 años), dieta baja en fibra y alta en grasas procesadas y carnes rojas, obesidad, falta de ejercicio físico regular, tabaquismo, y ciertos medicamentos como antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, naproxeno) y esteroides. Los síntomas de diverticulitis aguda incluyen dolor abdominal severo y repentino, generalmente en el lado izquierdo inferior (aunque puede ocurrir en el lado derecho en algunas personas, especialmente de ascendencia asiática), fiebre y escalofríos, náuseas y vómitos, cambios en los hábitos intestinales (estreñimiento o diarrea), y sensibilidad abdominal al tacto.
El tratamiento de la diverticulitis depende de la severidad de los síntomas. Los casos leves generalmente se tratan en casa con antibióticos orales, dieta líquida temporal y medicamentos para el dolor. Los casos moderados a severos pueden requerir hospitalización para antibióticos intravenosos, líquidos intravenosos y posiblemente drenaje de abscesos. Las complicaciones como peritonitis (infección del revestimiento abdominal), abscesos grandes, obstrucción intestinal o fístulas pueden requerir cirugía. La prevención de futuros episodios incluye adoptar una dieta alta en fibra (frutas, verduras, granos integrales, legumbres), mantener un peso saludable, hacer ejercicio regularmente, evitar el tabaquismo, limitar el consumo de carnes rojas, y mantenerse bien hidratado. Contrariamente a la creencia popular, no es necesario evitar nueces, semillas o palomitas de maíz, ya que los estudios modernos no han encontrado evidencia de que causen diverticulitis. Consulte a un médico si experimenta dolor abdominal persistente, especialmente acompañado de fiebre o cambios en los hábitos intestinales.
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*Información actualizada: 2025*
*Esta información no reemplaza el consejo médico profesional.*